El 10 de octubre de 2009, Felipe Calderón decretó la
extinción y liquidación de la empresa paraestatal Luz y Fuerza del
Centro. Para justificar su arbitraria decisión, el espurio gobernante
argumentó un supuesto mal servicio de la empresa y excesivos costos de
operación. Pero la razón verdadera fue destruir a la organización
gremial de Luz y Fuerza, el histórico y siempre combativo Sindicato
Mexicano de Electricistas (SME). El silogismo gubernamental era impecable: extinguida la
empresa, necesariamente se extinguiría el sindicato de la misma.
Fenecido el contrato entre patrón y sindicato, este último perdería la
razón de su existencia. De este modo, Calderón materializó el propósito
de matar al SME, antiguo objetivo de los gobiernos prianistas.
Acusaron que la CFE miente al señalar que a los usuarios del servicio
doméstico de electricidad no se les ha aumentado la tarifa, ya que la
mayor parte de la población ha visto elevarse en 100 y hasta 200 por
ciento los montos de sus recibos de luz; además de que continúan
llegando recibos con cifras exorbitantes. Presentaron los casos de una
persona a quien le llegó un recibo por 124 mil pesos, cuando tiene una
vivienda familiar, y el de un propietario de una pequeña tienda, al que
le aplicaron un cobro por 35 mil pesos.




































