viernes, 6 de mayo de 2011

Toque crítico de Martín Esparza

Se reafirma la defensa de los trabajadores
El Día Morelos
04 de Mayo del 2011
A pesar de la nueva embestida mediática en contra el movimiento sindical independiente, la convocatoria nacional del primero de mayo, para manifestar el rechazo a la Reforma Laboral que pretende vulnerar los derechos gremiales de millones de trabajadores en México y exigir el Gobierno Federal la solución a los conflictos de los pilotos de ASPA, de los mineros y los electricistas del SME, fue todo un éxito.
Pero no sólo en lo interno las voces del reclamo y la inconformidad generalizadas se oyen con fuerza; a nivel mundial el dictamen del Tribunal Internacional Sobre la Libertad Sindical, alerta de las violaciones sistemáticas a los derechos sindicales en nuestro país. Y en esa óptica internacional México dista mucho de ser el país color de rosa que el gobierno y sus medios incondicionales, sobre todos los electrónicos, tratan de vender sin mucho éxito a las naciones del mundo para cuyas sociedades no pasada desapercibido el clima de violencia e inseguridad que azota a nuestro territorio nacional.
Es lamentables que, por ejemplo, la desafortunada caída del templete donde los oradores de los sindicatos independientes y representantes de organismos internacionales dirigían sus mensajes, haya sido para los medios afines al sensacionalismo motivo de noticia y no los sentidos reclamos sobre la falta de empleos y seguridad que padecen no sólo los trabajadores y sus familias sino toda la sociedad en su conjunto.
En su dinámica de linchamiento contra el SME ahora se pretende acusarnos nuevamente de agresiones a reporteros cuando muchos de ellos, en medio de la tragedia donde resultaron lesionados 14 compañeros, obstaculizaban, so pretexto de realizar su trabajo, las labores de atención y traslado de los cuerpos de rescate. Nada han dicho sobre que minutos antes se les había pedido su cooperación para evitar mayores percances.
Medios como Televisa han demostrado que lejos de actuar con los mínimos estándares que marca la ética del periodismo, se dedican a hostigar, difamar y hasta presionar a las autoridades cuando ven afectados sus intereses. No por algo, la viuda de Emilio Azcárraga Milmo, Paula Cussi, ha sido objeto de persecución no sólo mediática sino hasta judicial, por parte del poderoso consorcio televisivo al pelear en los tribunales sus legítimos derechos como heredera de los bienes del legendario “Tigre”. En el umbral de los excesos, se ha comisionado a un reportero para que día y noche esté al pendiente del proceso para denostar su imagen ante la opinión pública.
No descartamos que nuevas acusaciones nos sean endosadas utilizando a trabajadores de los medios como punta de lanza, buscando presionarnos para que renunciemos a la defensa de nuestra derechos, entre ellos, la exigencia a recuperar nuestra fuente de empleo.
Pero los trabajadores de México estamos de pie y no sólo los electricistas, los mineros y los pilotos vamos a continuar luchando; de nuestra parte están también sectores sociales golpeados por la crisis, maestros, campesinos e indígenas que se han sumado al !Ya Basta!, que gritan por todas las plazas las movilizaciones de millones de mexicanos, desencantados y molestos con un gobierno que ahora con su partido, hace desfilar a sus supuestos Siete Magníficos precandidatos presidenciales, entre ellos, el enemigo público número uno de los trabajadores: Javier Lozano Alarcón.
Esa pasarela panista, similar a un circo de tres pistas, poco impactará en el raquítico ánimo de la opinión pública pues el gabinete calderonista es un equipo proclive a los reflectores pero carente de resultados. Resulta kafkiano e incongruente que el Jefe del Ejecutivo haya acudido a la beatificación de Juan Pablo II al Vaticano, a santiguarse y darse golpes de pecho cuando en México a dado duros y arteros golpes a los trabajadores, como sucedió con los 44 mil electricistas del SME cuyas familias sufren por los excesos de un gobierno totalitario.
Esa imagen nos recuerda cuando dictadores sudamericanos como el argentino Jorge Rafael Videla y el chileno Augusto Pinochet, se arrodillaban a rezar con las manos llenas de sangre, pensando que Dios premiaba sus actos.
La lucha de los trabajadores en México prosigue, con dignidad y hasta la victoria. Eso quedó muy claro el Primero de Mayo.