viernes, 7 de enero de 2011

En cartera/El poder presidencial y los sindicatos. Calderón y el SME

El Sol de Durango
7 de enero de 2011
VICTOR SAMUEL PALENCIA ALONSO
-Primera de dos partes-
La historia reciente nos señala que Lázaro Cárdenas y Luis N. Morones; Adolfo López Mateos y Demetrio Vallejo; Carlos Salinas con La Quina y Carlos Jonguitud, y ahora Felipe Calderón y Martín Esparza han sido algunos de los protagonistas de pleitos sindicales. Primero aliados y luego enemigos, los políticos y los líderes sindicales han reforzado o han sido el tiro al blanco de los sexenios.
El primer líder sindical, Luis N. Morones, nacido en el Distrito Federal en 1890. Fundador de la mítica Confederación Revolucionaria Obrera Mexicana (CROM) adquirió y dio gran poder al gobierno de Plutarco Elías Calles.
Sin embargo, esta misma amistad le causó el exilio en 1936, durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas del Río. Fue diputado federal en la XXX y XXXI Legislaturas. En 1922 fundó el Partido Laborista Mexicano, gracias a lo cual fue secretario de Industria, Comercio y Trabajo en el gobierno de Calles. Cárdenas sostuvo serias diferencias con Calles, quien trataba de influir en la política mexicana, y uno de los mecanismos era mediante la vida sindical, controlada por Morones.
Luego de despedir a buena parte de su gabinete -de tinte callista-, el general Cárdenas acusó al fundador del partido que derivó en el Partido Revolucionario Institucional (PRI) junto con el líder de la CROM de atentar contra su investidura, por lo que fueron exiliados a San Diego, Estados Unidos.
En 1958 las protestas ferrocarrileras tenían un rostro: Demetrio Vallejo, considerado preso político y estandarte de los estudiantes en el movimiento de 1968, Vallejo era el líder de los obreros de los trenes. Y aunque el movimiento duró apenas 11 meses, Vallejo se volvió legendario, pues fue encarcelado 11 años en Lecumberri y El Apando. Además de ser parte del Partido Comunista Mexicano, junto con Valentín Campa y del Partido Obrero Campesino Mexicano.
Demetrio nació en Oaxaca en 1910, pero su vida política empezó con las protestas de los ferrocarrileros en 1958, como secretario general del sindicato del gremio. Posteriormente fue encarcelado por el gobierno de Adolfo López Mateos, pero su figura perduró y fue retomado por el movimiento estudiantil de 1968 como un preso político. A su salida de la cárcel, fundó el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) al lado de Heberto Castillo, Lázaro Cárdenas y el escritor Carlos Fuentes. Elena Poniatowska escribió El tren pasa, inspirado en la vida de Vallejo.
La Quina es un medicamento febrífugo, tónico y antiséptico; pero en México se volvió parte del idioma de la política: quinazo. Y así se le llama a un golpe político contra un líder sindical o contra un correligionario. Y esto lo saben muy bien Joaquín Hernández Galicia y Carlos Salinas de Gortari.
Hernández Galicia, La Quina, era el líder del sindicato petrolero en los años ochenta, con gran poder, tanto como para oponerse a la candidatura del elegido por el PRI en esos años: Carlos Salinas. Pero en cuanto Salinas de Gortari llegó a la presidencia, el 10 de enero de 1989 dio el famoso quinazo: la detención y encarcelación del líder sindical que se le opuso a tal modo que mandó hacer un pasquín donde se decía que Carlos y su hermano Raúl habían asesinado a una sirvienta suya en la infancia.
A Hernández Galicia se le acusó de acopio de armas y fue recluido y condenado a 35 años por homicidio y posesión de armas de uso exclusivo del ejército, pero quedó en libertad en 1997. Sin embargo, recientemente Miguel de la Madrid, antecesor de Salinas, admitió que el quinazo se fraguaba desde el principio de su propio mandato.
Carlos Jonguitud fue el líder antecesor de Elba Esther Gordillo y sucesor de Manuel Sánchez Vite. Fue gobernador, diputado, líder del Congreso del Trabajo y también líder vitalicio del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), como ahora lo es la maestra.
Aliado en un principio de Salinas, fue legislador, senador dos veces, gobernador de San Luis Potosí y director general del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE). Jonguitud desplazó a Manuel Sánchez Vite, pero en 1989 fue a su vez desplazado por Gordillo Morales, por presión de Salinas.
Napoleón Gómez Urrutia es el líder del Sindicato Minero, heredero del puesto de Napoleón Gómez Sada. Actualmente se encuentra en Canadá y tiene ficha roja por Interpol, por presunto desvío de 55 millones de dólares. Desde el extranjero, "Napito" controla al gremio minero, quien lo ha reelegido en diversas ocasiones desde que el gobierno le negara la toma de nota como líder en el sexenio de Fox, en 2006.
El 16 de junio del año pasado comenzó la votación interna en el Sindicato Mexicano de Electricistas para renovar 13 carteras, entre éstas, la de secretario general. Se dijo que la votación estaba abierta para 43 mil trabajadores sindicalizados activos y 22 mil jubilados. Contendieron la Planilla Verde, Unidad y Democracia Sindical, encabezada por Martín Esparza y cuyos simpatizantes acusaron al gobierno federal de "meter las manos en el proceso" y de apoyar a Alejandro Muñoz quien encabezó la Planilla Naranja, Transparencia Sindical. Muñoz basó su campaña en las acusaciones en contra de Esparza por enriquecimiento ilícito. El 5 de octubre, la Secretaría del Trabajo anunció que por inconsistencias en la elección no se otorgaba la toma de nota a Martín Esparza. El 10 de octubre de 2009, el gobierno federal anunció la liquidación de Luz y Fuerza y anunció la desaparición de la paraestatal.
Para Miguel Ángel Granados Chapa una grave frustración de la transición democrática mexicana ha sido el gatopardismo, el que las cosas cambian sin cambiar, y en que los gobernantes surgidos de la alternancia se diferencian de los anteriores en que son exactamente iguales. Tal engaño queda patente una vez más con motivo del ataque del presidente Calderón al Sindicato Mexicano de Electricistas, análogo y en cierto modo prolongación del que emprendió Echeverría contra la Tendencia Democrática de los trabajadores electricistas. El 11 de octubre de 2009 es equivalente, como acto autoritario violento, al 15 de julio de 1976. En cada una de esas fechas se buscó suprimir, eliminar de la escena pública a agrupaciones gremiales combativas que existían por la voluntad de sus miembros y no dependían por lo tanto de la voluble voluntad gubernamental.
Tendencia Democrática inició una huelga en reclamo de prestaciones y respeto a su representatividad, y la noche del 15 de julio de 1976 una embestida militar, junto con miles de esquiroles, rompieron el paro obrero y echaron a la calle a los antiguos galvanistas, en operaciones de las que parecen calcadas las de ahora.
No queda claro cómo comenzó el conflicto entre el Sindicato Mexicano de Electricistas y el Gobierno federal. La mesa estaba ya puesta para la desaparición de la compañía de Luz y Fuerza del Centro. En el contexto de la crisis económica el impugnado dirigente del sindicato, Martín Esparza, ha sido señalado por el gobierno de Calderón que tenía una nómina de 44 mil personas pese a que la empresa puede operar sólo con 8 mil 500; un contrato colectivo que da ascensos y premios al personal con base en la lealtad sindical; y un presupuesto anual que supera en monto al del programa Oportunidades. Ese ha sido el discurso oficial, además del pésimo servicio y el cobro indebido de sus empleados a los usuarios.
Del otro lado está el temor a la privatización de la energía eléctrica. Existe también la sospecha de que se trató de un ataque contra el sindicalismo democrático, pues el SME lleva a cabo elecciones constantes, con voto universal, directo y secreto, algo de lo que no pueden presumir la mayoría de los sindicatos en México.
Si el gobierno quería demostrar su fuerza para enfrentar a los poderes fácticos, ¿por qué no escogió a uno de los muchos que juegan como sus aliados? Tratándose de sindicatos omnipotentes -el SNTE, por ejemplo, o el de Pemex o el del IMSS-, resulta emblemático que se haya tratado de una organización protoperredista. Este hecho abona en favor de quienes aseguran que en realidad se trató de una cruzada derechista en contra de los enemigos de siempre. Esta visión de los hechos, sea real o no, tiene el voltaje para conducir al conflicto en una dirección muy peligrosa. (Continuará)