
MÉXICO, D.F. (apro).- Por un túnel de un kilómetro y medio se escapó
por segunda vez Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, y por ese mismo túnel
literalmente se fue lo que quedaba de credibilidad al gobierno de
Enrique Peña Nieto, quien a la mitad del camino se encuentra empantanado
en la corrupción, desfondado en su proyecto reformador y sumido en la
más honda crisis que ha tenido un Presidente en las últimas décadas.
Lo peor que podría ocurrirle a Peña Nieto ya se le presentó: caer en el ridículo y en la burla popular. A través de chistes, bromas, memes y ocurrencias, la gente lo expone como un político no sólo incapaz e ineficaz, sino tonto y mentiroso…. Y eso para un gobernante es lo peor.
Cada vez que la Procuraduría General de la República (PGR) o el
titular de la Secretaría de Gobernación exponen o explican la manera en
que escapó ‘El Chapo’ Guzmán, muestran una torpeza que cae en lo
ridículo. Nadie les cree que no se dieran cuenta de la construcción de
un túnel de mil 500 metros que llegaba precisamente a la regadera de la
celda del narcotraficante más buscado en el mundo, en ese espacio exacto
llamado “punto ciego”, en el que la cámara de vigilancia no podía
verlo.
Frente a ese vacío de confianza, crecen las versiones de que en
realidad ‘El Chapo’ salió por la puerta principal de la cárcel de máxima
seguridad del Altiplano, ayudado por las misas autoridades federales, a
las que ha corrompido o amenazado con información privilegiada de sus
lazos con el crimen organizado.
Antes de la fuga de Joaquín Guzmán Loera, la credibilidad de Peña
Nieto ya estaba muy por debajo de la media nacional, de hecho pocos
seguían creyendo en su proyecto reformador como la vía para mejorar el
nivel de vida del país y resolver el problema de la inseguridad y la
violencia, que cada día cobra nuevas víctimas.
El fusilamiento de al menos 12 personas en Tlatlaya, Estado de
México, por parte del Ejército mexicano, y la desaparición de los 43
normalistas de Ayotzinapa, profundizaron la crisis de credibilidad que
ya venía arrastrando el mexiquense.
Después de esos dos sucesos que dieron la vuelta al mundo en los
noticieros más importantes, algunos en el gobierno pensaban que ya se
había tocado fondo, hasta que ocurrió la increíble fuga del líder del
cártel de Sinaloa.
El túnel por el que escapó ‘El Chapo’ representa muchas cosas para el
gobierno peñista: además de ser objeto de burla por parte del crimen
organizado, y en especial del capo, pone al descubierto la incompetencia
de quienes integran las áreas de gobernabilidad y seguridad nacional.
De igual manera, expone la porosidad por la que se filtran los grupos
de la delincuencia organizada en las esferas más altas del poder
político, y la fragilidad de la estructura penitenciaria.
Para la sociedad representa una ofensa por la reacción patética del
presidente Peña; del titular de la Secretaría de Gobernación, Miguel
Ángel Osorio Chong; de la procuradora general de la República, Arely
Gómez, y del responsable de la Comisión Nacional de Seguridad, Monte
Alejandro Rubido, quienes no supieron explicar su ineptitud e
incapacidad y ofrecieron justificaciones sibilinas y argumentos
inverosímiles para describir la fuga del sinaloense.
El túnel de ‘El Chapo’ quedará en la historia como el registro más
claro de la torpeza de Peña y su equipo, que llegaron a la Presidencia
de México con una arrogancia mayúscula tras los yerros del panista
Felipe Calderón.
Quedará como el monumento a la corrupción que es capaz de aceitar la
maquinaria institucional y operarla a su antojo para burlar el supuesto
penal de máxima seguridad del Altiplano.
Será la muestra más clara de cómo ‘El Chapo’ Guzmán, un campesino
casi analfabeta de la sierra de Sinaloa, quien de niño se dedicaba a
cultivar amapola, puso de cabeza a todo el aparato de gobierno,
sumiéndolo en el fondo de un túnel y una de sus peores crisis.
Fuente: Proceso
Fuente: Proceso