Casinos y crimen organizado
Carlos Fernández-Vega
Como siempre, la autoridad ejerce sus funciones sólo cuando ya es demasiado tarde. Después de los trágicos sucesos del pasado jueves en Monterrey, todas las instancias de gobierno –federal, estatal y municipal– no sólo practicaron el juego de aventarse la pelota entre sí, sino que se apresuraron, según su propio dicho, a ejercer sus facultades legales para atrapar a los responsables del acto terrorista y detectar irregularidades en los miles de casinos que, regular e irregularmente, operan en el país.
