La crisis petrolera actual es un escenario adecuado para una “tormenta perfecta”, como escribiera Larry Elliott –editor de economía del diario británico The Guardian–, de consecuencias impredecibles, en virtud de sus efectos desestabilizadores globales, económicos, políticos y de geopolítica. Ello por la rápida transmisión macroeconómica internacional de sus secuelas perniciosas, a través de canales productivos, comerciales, monetario-financieros y fiscales.
25 enero 2015 | Marcos Chávez * | Contralínea




