Guillermo Almeyra | Opinión-La Jornada
Los Santa Anna de nuestros tiempos casi completaron la destrucción de la soberanía e independencia de México al entregar Pemex a las petroleras extranjeras, así como con las leyes antiobreras y antipopulares que eliminan derechos históricos y golpean duramente el poder adquisitivo de los trabajadores y los pobres, reduciendo así el nivel de vida y cultural, además de las condiciones básicas para una relación social civilizada. El resultado de esas políticas al servicio del gran capital financiero internacional es un brutal crecimiento de la diferencia de la pobreza y la miseria extrema y de las diferencias sociales, el cierre de las perspectivas para los jóvenes –que deben optar entre el desempleo, la emigración o la delincuencia–, la aceptación como si fuesen fatales y naturales de los valores, las lacras y la ideología de los explotadores nacionales y extranjeros y, por último, una total dependencia de Estados Unidos.